Más allá del proctoring y la vigilancia: El debate universitario sobre la evaluación en la era de la inteligencia artificial

El avance acelerado de las herramientas generativas tensiona los modelos tradicionales de supervisión remota y control del plagio. Especialistas debaten entre la fiscalización tecnológica de los resultados y la transición hacia una evaluación auténtica centrada en los procesos de aprendizaje.

La masificación de los modelos de inteligencia artificial generativa ha reabierto una discusión crítica en las instituciones de educación superior a nivel global: ¿cómo medir con certeza lo que un estudiante realmente sabe y comprende? Durante años, la respuesta mayoritaria frente a la no presencialidad y los entornos virtuales consistió en robustecer la vigilancia técnica —mediante software de proctoring, bloqueo de navegadores y seguimiento biométrico— con el propósito de blindar el producto final evaluado (ensayos, informes o exámenes estandarizados de selección múltiple).

Sin embargo, análisis recientes en el ámbito de la innovación educativa y la gestión del aprendizaje cuestionan la sostenibilidad de un enfoque exclusivamente policial. Casos documentados en procesos de admisión masivos en América Latina y reportes de organismos internacionales evidencian que, mientras las plataformas intentan cerrar brechas de seguridad, las herramientas para eludir el monitoreo evolucionan a la par, generando falsos positivos y una carrera tecnológica de alto costo sin un correlato pedagógico directo.

Frente a este escenario, corrientes pedagógicas contemporáneas proponen girar la mirada hacia la evaluación auténtica: un enfoque que prioriza la visibilidad del proceso cognitivo, la metacognición, el análisis de dilemas situados y la argumentación oral, desplazando el foco desde la entrega de un resultado cerrado hacia la capacidad del estudiante de defender y justificar sus decisiones.

Tensión entre rediseño pedagógico y escala institucional

No obstante, la discusión dista de ser homogénea. Si bien la evaluación cualitativa y el seguimiento continuo resultan altamente efectivos en asignaturas de posgrado o cursos con cohortes reducidas, la realidad institucional impone complejidades logísticas evidentes. En convocatorias de admisión multitudinarias o programas masivos de ingeniería y ciencias básicas, la supervisión remota estandarizada sigue cumpliendo un rol disuasorio indispensable, complementándose con instancias presenciales de control en evaluaciones de alto impacto (high-stakes).

Roberto Cruz Arzola, Asesor Experto en Contenidos de la Unidad de Educación a Distancia —perteneciente a la Dirección General de Docencia de la USM—, plantea que el debate invita a una integración equilibrada entre tecnología y pedagogía: “La inteligencia artificial nos obliga a replantear la intención detrás de cada instrumento evaluativo. Más que empeñarse en una fiscalización algorítmica constante, el desafío formativo consiste en diseñar experiencias donde la tecnología funcione como un andamiaje para la resolución de problemas y no como un atajo que sustituya el razonamiento del estudiante”.

Bajo esta mirada, las plataformas de autoaprendizaje y formación continua, como el portal institucional Aprende USM, integran metodologías formativas y formativas-sumativas donde la autonomía, la retroalimentación inmediata y la autogestión del conocimiento cobran protagonismo, preparando a la comunidad universitaria para un entorno laboral donde la capacidad crítica supera la mera retención de información.

Quienes deseen conocer las metodologías de aprendizaje activo y la oferta formativa abierta de la institución, pueden visitar la plataforma oficial: aprende.usm.cl.